Virginia Blanes

Consideramos héroes a aquellos que han realizado una hazaña extraordinaria, fuera de lo común. A aquellos que han sabido luchar por un propósito correcto, épico, que no sólo les ha servido a ellos mismos, sino que también ha revertido positivamente en su sociedad.

Normalmente para alcanzar el objetivo, el héroe debe renunciar a las comodidades de la vida corriente y debe enfrentarse y vencer a uno o varios monstruos. En la vida sucede lo mismo: tú podrías ser un héroe si te alejaras de tus vicios acomodaticios, si renunciaras a la rutina y te enfocaras en un noble objetivo dictado por tu corazón y no por tu mente dialéctica o por tu ego. Por supuesto que no es sencillo, por eso hablamos de héroes y no de seres vulgares. Además, para vencer, deberías enfrentarte a una legión de monstruos infernales pero, aunque pudiera dar esa sensación, ninguno sería externo a ti. Todas y cada una de las quimeras a las que tendrías que dominar no serían más que rostros de tu propia oscuridad, egrégores creados por tus emociones desbocadas, por tus miedos, por la confusión de tu mente, por tus herencias transgeneracionales, etc. No es tan grave, recuerda que son tus creaciones y, de la misma forma que les diste vida, puedes transformarlas, sanarlas, iluminarlas.

Por otra parte, debes tener en cuenta que los héroes, si bien disponen de talentos o dones especiales, no están exentos de defectos o puntos débiles. En esto tampoco difieren del resto de los seres humanos. La única diferencia es que el héroe acepta tanto sus virtudes como sus defectos. Sabe que los primeros no existirían sin los segundos y, en lugar de descalificarse por lo que aún tiene que pulir, se centra en sacar el mayor partido de sus mejores cualidades, poniéndolas en acción.

Cabe destacar que, a pesar de estar enfocado totalmente en su propósito, lo fundamental para el héroe no es el logro en sí mismo, sino todo lo que vive y descubre en la travesía que ha de recorrer para alcanzar su meta. Ciertamente, si en las leyendas tomaran mágicamente al protagonista y lo depositaran directamente ante su objetivo, no sólo no existiría la leyenda, además habrían robado al héroe la oportunidad de aprender, de crecer y de disfrutar de su camino, y también habrían impedido a otros ilustrarse a través de su determinación y de su historia. Cuando comprendemos este principio básico, es cuando comenzamos a cultivar la paciencia y cuando en verdad comenzamos a prestar atención al presente y a los detalles que llenan maravillosamente nuestra propia historia. El objetivo es sólo la excusa para dar los pasos que deben ser dados. Y dándolos, sin prisa, prestando atención en cada uno de ellos, es como nos convertimos en la mejor manifestación de nosotros mismos. Es como llegamos a descubrir nuestros tesoros y como logramos dar un paso más en el camino de retorno al Hogar.

4 comentarios
  1. Angélica Dice:

    Como siempre los artículos y los temas son excelentes.
    Una recomendación es que aumenten un poco la fuente, la letra pues es muy pequeña para la lectura y llega a ser algo desgastante.
    Gracias!

    Responder
  2. Natalia Mencia Dice:

    Hola Virginia!!
    Puede un heroe sentir compasion por el monstruo iracundo que emana de su sombra? No siento enfado pero si dolor, un dolor que me ha paralizado y me ha sacado de cualquier lugar conocido. Intento transmutar el dolor en fuerza y creacion pero hay algo que se resiste. A penas puedo respirar cuando se hace notar.
    Gracias por tus palabras que siempre aparecen en el momento clave.
    Un abrazo desde el corazon.

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