Hay dos formas de vivir

Virginia Blanes

Hay dos formas de vivir la vida. La primera, que te sumerge en la gris supervivencia, se basa en la resignación y en la repetición. La segunda te llena de ti, te renueva las alas y te empuja hacia tu propia evolución, pero esta opción solo está al alcance de los valientes. Si eres un valiente, si eres una de esas personas que se ha negado a someterse ante el miedo que ennegrece los días, sabrás de lo que hablo. En ningún caso tiene que ver con las circunstancias o con las herencias o con todo lo que nos ha podido contaminar a lo largo de nuestro pasado, solo tiene que ver con nosotros y con las decisiones que tomamos en cada momento.

Cada circunstancia nos da la oportunidad de actuar de una forma diferente, incluso de una forma mejor, de esa manera que sí asienta la paz en nuestro pecho. Si ante cada uno de los acasos que pueblan tu existencia te resignas a actuar como siempre has hecho, ten por seguro que estás encadenándote a la nada recomendable primera opción. En cambio, si te atreves a elegir quién eres en cada experiencia y lo eliges con el valor de los que reconocen que no tienen nada que perder excepto a sí mismos, entonces formas parte de la minoría que opta por la segunda opción.

La vida, en su infinita generosidad, despliega ante nosotros las circunstancias que requerimos para aprender aquello aparentemente olvidado. Nos muestra el mismo escenario con distintos tonos hasta que recordamos que tenemos el poder de elegir quiénes somos, actuando en consecuencia, hasta que nos damos cuenta de que esta gran obra en la que podemos ser alquimistas y mag@s es un portentoso despliegue de la sabiduría de nuestra alma en su anhelo de retornar al Hogar. Aquí no hay más crueldad que la que mancha nuestras miradas y la que escuece en las heridas que mantenemos ocultas; no hay más oscuridad que la que manifestamos por enquistar nuestras creencias y nuestros juicios; no hay más belleza que la que vuelve a teñir de inocencia nuestros corazones, esos que se saben capaces de dar un nuevo paso, un paso más… El paso que niegan y se niegan los cobardes. Ese que sin ser dado crea la añoranza de su presencia. Ese que al no ser dado te mantiene preso de lo que parece que está pasando, impidiéndote descubrir que lo importante no es lo que sucede, sino lo que tú eliges hacer con lo que está sucediendo.

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